Relatores

  • El Turco y las palabras volando


    13 de agosto de 2021

    Compartir esta nota en

    por Ariel Scher

    (Osvaldo Wehbe, relator y periodista crack, murió el 13 de agosto del 2020. Sigue siendo un crack) 

    Cuando el Turco Wehbe relataba, la soledad, esa dama de habituales victorias, se asumía vencida. Imposible percibir soledades si el Turco estaba contando un córner o contando a un tipo observando un córner o contando a la vida a través de un córner. El Turco agarraba a las palabras, les recordaba que eran libres, les revelaba que él era igual de libre, y las hacía volar. Y cuando las palabras volaban, y cuando el Turco volaba, nosotras y nosotros, que entregábamos los oídos y las pulsaciones al Turco y a las palabras, volábamos también.

    Mágico Turco: su oficio le imponía detallar lo que pasaba mientras el tiempo hacía lo que sabe hacer el tiempo, que es avanzar. Y, sin embargo, el tipo lo detenía. Parecía que el tiempo, contagiado por la multitud hipnotizada de oyentes, se frenaba, se desentendía de cumplir con su misión de ser tiempo y de avanzar, y tomaba la determinación inteligente de quedarse escuchando al Turco. Ahí residía uno de sus sellos: el Turco percibía fugacidades de la pelota y las reinterpretaba con su poesía de relator para estamparlas en la eternidad.

    Los grandes relatores del fútbol ponen de acuerdo a las pasiones populares con los brillos del idioma. El Turco -como relator, como periodista apasionado e integral- convalidó eso hasta latitudes que se sitúan sobre el cielo. Abría la garganta para pronunciar lo que ofrecía el césped, pero nunca concebía que su laburo se agotaba en eso. Nosotros y nosotras lo reconocíamos: relataba con la noción irrompible de que su voz intensa viajaba hacia los rincones de quienes no tienen un mango y abundan en dignidad y, a la vez, con la certeza de que el lenguaje es una oportunidad para la belleza y esa belleza le pertenece a los pueblos.

    Ahora que murió el Turco todo eso no se esfumó rumbo hacia ninguna parte sino que pervive en los tímpanos y en los corazones, en la emoción y en la gratitud. Que la soledad no se entusiasme: ahí habita el Turco, resonando en nosotras y en nosotros, hecho fútbol y hecho memoria, mientras las palabras lo saludan como él quería. Lo saludan volando, bellas y en libertad.

    Compartir esta nota en