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  • “Invierto en mi carrera para intentar ser el mejor”


    12 de febrero de 2021

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    por Lucas Gaggi

    El entrenador Nicolás Casalánguida participó en tres Mundiales con la Selección Argentina. Turquía 2010, República Checa 2013 (U19), y España 2014, también fue parte del equipo Nacional en los JJOO de Río de Janeiro en 2016.

    Es uno de los entrenadores con mayor potencial de la última década del continente americano. Dirigió más de 500 partidos en la Liga Nacional Argentina con un promedio de más del 60% de victorias, también ha formado parte del staff del Seleccionado Nacional Argentino durante 7 años cumpliendo diferentes roles tanto en equipos adultos como menores.

    Participó en tres Mundiales con la Selección Argentina. Turquía 2010, República Checa 2013 (U19), y España 2014, también fue parte del equipo Nacional en los JJOO de Río de Janeiro en 2016.

    Empezó desde muy pibe a los 14 años como monitor en el Club Gimnasia y Esgrima de Comodoro Rivadavia. Pero luego interrumpió su amor por el baloncesto para intentar ser abogado y estuvo tres años en la Universidad.

    Una madrugada, mientras intentaba estudiar derecho civil, un amigo lo encontró haciendo “dibujitos” de básquet a las 3 am, simulando estar frente a un plantel dirigiendo. Fue allí cuando le dijo “Vos estás loco o te está pasando algo” y le sugirió que se dedique a lo que verdaderamente le apasionaba. A partir de allí “hice el clic” confiesa Nicolás Casalánguida y comenzó una carrera que no tiene techo.

    El coach, padre de tres niñas, que acaba de firmar su contrato con Guaiqueríes de Venezuela dialogó con RELATORES y entre otras cosas asegura que mira la NBA como un posible mercado a futuro.

    IDENTIKIT:

    Nombre completo: Nicolás Casalánguida

    Edad: 41 años

    Lugar de Nacimiento: Comodoro Rivadavia, el 11 de marzo de 1979

    Apodo: Nico

    Un país donde vivir: Argentina

    Música: Divididos

    Comida preferida: Lasagna

    Trayectoria: Gimnasia y Esgrima de Comodoro Rivadavia, Regatas de Corrientes, Obras Sanitarias, Atenas de Córdoba, Aguacateros de Michoacán México. Guaiqueríes de Venezuela.

                                                                           Foto: Todo Básquet / Aguacateros de Michoacán

     

     

    Me da la sensación de que desde chico tuviste claro el ser entrenador de básquetbol y fuiste actuando en consecuencia, ¿fue así?

    Mas o menos, no fue tan así. Empecé de muy pibe porque a los 14 años me acuerdo de que yo era monitor en Gimnasia de Comodoro de los más chicos y ayudaba a los profesores del “mini básquet”. Ya estaba vinculado en el club como esos pibes que los tienen que echar del club para que se vayan, era insoportable. De eso si me acuerdo y ya se ve que tenía vocación por la enseñanza, el estar en el ámbito y demás, pero también en un momento tuve un desliz donde me volqué a la abogacía y quise ser abogado. Estudié 3 años en la universidad hasta que, en una noche de estudio sobre Derecho Civil, mi compañero de vivienda en ese momento acá en Córdoba me encontró a las 3 y media de la mañana, en vez de estar estudiando, haciendo dibujos de una canchita en un vidrio pensando que estaba armando un partido de básquet. Mi compañero me dijo que estaba loco y que tenía que dedicarme a lo que me gustaba realmente. Ese día hice el clic. Entonces tuve una suerte de vocación desde muy pibe, pero en algún momento perfilé para el derecho y fracasé, se puede decir.

     

    ¿Quién crees que pudo haber influido en vos para elegir esta carrera?

    No tengo una persona que diga que influyó en mí, no tengo una referencia muy exacta sobre todo de una persona. Creo que lo que principalmente influyó en mí para que elija esta profesión, sentir el incentivo diario de aprender, de ser mejor, dedicarme a esto, atravesar las buenas y las malas con la misma energía es la pasión por el juego. No hay otra influencia más grande para mí que el amor por el juego, la adrenalina que siento a la hora de transitar el día a día del juego y todo lo que conlleva. Disfruto tanto de una preparación del partido, una charla con el equipo completo, una charla individual o el mismo momento del juego en sí. Eso para mí es una adrenalina que de alguna manera es adictiva. Cuando no tenes esa adrenalina, se extraña en demasía. Sin lugar a duda, la influencia más grande que tuve es la pasión por el juego.

     

    ¿No te ocurrió como pasa muchas veces que en casa tuvieron alguna historia dentro del básquetbol y te van llevando a tomar esa decisión o te encontraste vos con el juego?

    No pasó para nada. Mi mamá fue empleada judicial y abogada de grande. Mi padre, tano, comerciante, se rebuscaba la vida como podía. En mi casa no se respiraba deporte. Lo que pasa es que yo vivía a 3 cuadras de Gimnasia de Comodoro y durante mi infancia estuve todo el día en el club. Eran 5 o 6 horas por día, yo era el típico adolescente que, si había una hora libre o no había clases, me iba al club. Eso me marcó y le doy a Gimnasia de Comodoro un crédito muy grande en la colaboración para que yo me forme. En su momento yo era jugador lógicamente, pero después la decisión de ser entrenador fue por esa influencia y esa cotidianeidad que viví allí. Viví la efervescencia de los años 90’ sobre todo, que había una locura en Comodoro por el básquet, muy buenos entrenadores, cancha llena, equipos muy buenos y mucha competitividad. Yo estaba todo el día adentro mamando esa realidad y entonces creo que mi punto de partida fue el club y no la casa. Gimnasia de Comodoro fue mi referencia física que canalizó mi energía, amistades y mi deseo permanente de intentar ser mejor. En ese momento no te das cuenta de por qué estás ahí, pero la búsqueda de todos los días era mejorar como jugador. Después me pasó cuando fui entrenador justamente en el club, donde la cotidianeidad no cambió en ese sentido. Lo que me empujó para que siga la profesión fue Gimnasia de Comodoro.

     

    Recién hablabas de Gimnasia de Comodoro y de vos como entrenador, ¿a qué edad te toca asumir el rol de entrenador en jefe del equipo?

    Me toca a los 27 o 28 años. El motivo era claro, yo en ese momento estaba como asistente técnico de Fernando Duró. Él me llama de asistente, mientras yo estaba trabajando en las formativas, y detectó algo en mí para sumarme a su staff. Estuve con él 3 años. Cuando Fernando se va, el club estaba en una debacle económica marcada, había cambios de autoridades y entonces tenían que volver a reacomodarse financiera e institucionalmente. El presidente en su momento y actual intendente, Juan Pablo Luque, confió en mí como una posible alternativa para canalizar ese desorden institucional y que le pueda dar una mano en la parte deportiva. Por ende, asumí siendo muy joven por decantación y llevar 6 o 7 años en el club con distintas funciones. Creo que fue un movimiento sumamente audaz de Juan Pablo porque esa era una liga donde no había tantos entrenadores jóvenes. Estaba Rubén Magnano, también el “Oveja” Hernández y Julio Lamas, entre otros. Fue la liga 2008/2009, una liga muy competitiva, con muchos extranjeros de primer nivel y también entrenadores históricos. No entraban tantos jóvenes y no había demasiados asistentes que se conviertan en entrenadores. La situación fue así y por suerte ese primer año salió muy bien porque armamos un equipo con un presupuesto muy bajo por la situación del club y nos metimos entre los 4 primeros, fuimos la sorpresa. Yo pensé que al año próximo salíamos campeones, pero me pegué un golpe contra la pared porque la realidad me puso en su lugar y peleamos el descenso ese año. Al margen de eso, fueron muchas experiencias hermosas siendo tan joven.

     

    Con respecto a esa juventud, ¿vos te sentiste que estabas preparado para asumir o agarraste porque a esa edad al venir una oferta tan importante aceptas y después ves que pasa?

    Me sentía ciento por ciento preparado para la oportunidad, no tenía ningún tipo de duda de si era el momento oportuno. Había hecho los caminos apropiados a pesar de mi juventud. Ya había trabajado como entrenador formador, fui asistente 3 años de entrenador top, me había llevado Tolcachier antes de Fernández, viví el cambio de estructura metodológica en el básquet de Gimnasia de Comodoro, tenía mucha injerencia en la coordinación de la cantera y recluté muchos chicos. Era joven, pero ya tenía varias responsabilidades e hice los pasos, me preparé en Europa y ya me sentía listo. El primer año fue todo excelente, los resultados fueron buenos de principio a fin. El “oveja” me llamó para ir a la selección a acompañarlo, pasaron muchas cosas positivas en poco tiempo. En el segundo año, cuando peleamos el descenso, sentí que para eso no estaba preparado. Podía suceder que peleemos la permanencia por toda la situación que atravesaba el club, pero sentí que esa experiencia era durísima.

     

    Tuviste un gran primer año, peleaste el campeonato y te llamaron para sumarte a la selección, ¿fue sencillo mantener los pies sobre la tierra o sentiste en algún momento que te desviaste un poco?

    Yo en ese momento entendía que tenía que ser muy equilibrado. Lo comprendí desde la teoría que había aprendido y de lo que vivencié como asistente con Fernando Duró cuando ganamos la liga en el 2005/2006. Viví desde adentro lo que era estar en un equipo ganador. Por otro lado, en otras temporadas habíamos peleado abajo y sentí la presión de un momento adverso como entrenador. Entonces, yo en ese momento me sentía con el equilibrio para sobrellevarlo, aunque estoy seguro de que me mandé varias “macanas” como entrenador joven que le habían sucedido muchísimas cosas porque es lo lógico. En esto, el entrenador toma tantas determinaciones que estoy seguro de que me equivoqué por inexperto. Pero nunca me creí que iba a dirigir a los Angeles Lakers porque me había ido bien. Siempre tuve muy arraigado que tenía que seguir aprendiendo y preguntando a los que sabían.

     

    ¿Sentiste que con tu juventud algún jugador te quiso pasar por encima? ¿Tuviste algún episodio que te llevó a demostrar autoridad?

    No tuve ningún episodio de ese tipo. Siempre entendí que en mi momento de juventud para liderar un equipo tenía que avocarme mucho o ponerme del lado del conocimiento y de la disciplina, esa era mi bandera. Yo era más joven que varios de los jugadores y esos eran los que yo pensé que en algún momento podían llegar a querer medirme, pero sinceramente no me pasó. Tuve muchos jugadores y buenos líderes. Me acuerdo de que en los primeros años de Comodoro lo tuve a Diego Alba que fue fundamental y después lo compra Libertad. También tuve a Diego Romero, Germán Sciutto y Nico Ferreira, jugadores muy nobles que entendían que yo estaba trabajando para el bien del equipo. Tampoco me sentía débil a la hora de tomar una decisión, siempre daba espacios a los jugadores para escucharlos. Tenía jugadores que jugaban en el exterior, que tenían más ligas que yo y, en ese sentido, sentí que tenía que apoyarme en ellos y no intentar ponerme en un lugar de autoritario. Siempre quise liderar desde el conocimiento, la disciplina y la empatía. Nunca tuve problemas. Después, tuve líderes más fuertes. Cuando tuvimos que pelear con Regatas de Corrientes el campeonato, conocí a Javier Martínez, el mejor capitán que tuve. Con él chocamos varias veces, pero desde un lugar muy noble para lograr los objetivos. Él me empujaba para ser más firme y eso lo entendí. Con él si tuve que hacer una adaptación para poder interpretarlo, pero nunca tuve un jugador que yo haya sentido que intentaba sobreponerse.

     

    Hablabas de Regatas de Corrientes recién, dónde fuiste campeón, ¿cómo fue tu paso por el club?

    Lo de Regatas fue un paso obligado para mí en la carrera. La gente de Comodoro me pedía de continuar en el proyecto, pero yo no quería ser el “chico del club”. Tenía que salir para dar un paso y tomar un riesgo para ayudar a una organización a cumplir un objetivo importante, eso buscaba. Cuando llegue a Regatas justamente fue eso, Tassano me trajo diciéndome que confiaban en mí para obtener el campeonato y que era el único título que faltaba. Armamos un proceso encabezado por el paraguayo Martínez, la jerarquía de Paolo Quinteros y en la segunda temporada cuando llega Federico Kammerichs teníamos un tridente con mucho nivel, muy bien rodeados por grandes jugadores que nos permitió pelear el campeonato y los torneos internacionales. Así, pusimos a Regatas en otro plano de competitividad y sin lugar a duda fue un salto en mi carrera. Fue un riesgo salir de Comodoro que era mi lugar de comodidad e ir a Corrientes. Al principio, los correntinos me preguntaban la edad y decían que no podían salir campeones conmigo. Realmente fue romper un molde y buscar superarme. Había mucha gente en la cancha, mucha presión y una exigencia permanente que a mí y al equipo nos sirvió muchísimo. Me acuerdo de ganar el Super 4 y la alegría duraba 20 minutos porque al otro día jugábamos contra Atenas y había que ganar. Esa ambición permanente a cualquier entrenador lo exprime y lo hace evolucionar.

     

    En esto de ir trazando paralelismos con la vida deportiva y con tu vida, ¿cómo hacías para tener una vida acorde a esa juventud con tanta presión y trabajo permanente?

    Para mí no fue un problema o una situación difícil de manejar la vida social fuera de lo deportivo. Siempre fui una persona muy dedicada a mi trabajo. En las horas libres del profesorado de educación física yo veía los videos de Rubén Magnano antes de ir a Indianápolis. Siempre tuve esa vocación y amor por hacer lo que me gustaba. No es que, porque fui a Regatas, con la exigencia de la situación me puso en un plano de no poder disfrutar de la vida social fuera de mi ámbito laboral. Siempre obré y sigo obrando de la misma manera. Tengo una forma de vivir y la gente que me rodea siempre me vieron de la misma manera, no fue un cambio abrupto. No tengo referencias de que en un lugar tuve que trabajar más que en otro, para nada. Nosotros veníamos acostumbrados con Gonzalo García en la selección argentina de tener 8 partidos consecutivos en un torneo y había que dormir 3 o 4 horas por día y si se tenía que hacer se hacía. No había ningún tipo de excusas, se disfrutaba. No me sentí nunca exigido de no poder disfrutar mucho de la vida social fuera del ámbito laboral.

     

    ¿Qué te gusta o que haces en tu vida que no tenga que ver con el básquet?

    Creo que mi cotidianeidad está muy relacionada con el trabajo. Lo otro que hago y me gusta mucho es hacer actividad física, lo hago de forma diaria y lo comparto con mi pareja también. Camino, ando en bicicleta, corro, voy al gimnasio, le estoy poniendo mucho más acento a la alimentación en este último tiempo y eso también lo disfruto. Desde el comienzo de la pandemia le he dado mucho más énfasis a las series, miro mucho más que antes. En la etapa que se podía iba mucho al cine y sobre todo cuando vivía en Buenos Aires asistía mucho al teatro. También estoy disfrutando mucho en esta etapa de mis hijas que estaban con su mamá en Salta y ahora las pude traer acá a Córdoba. Entonces, cada vez que tengo un espacio que no estoy trabajando puedo estar con ellas y eso es algo que disfruto un montón.

     

    ¿De qué equipo sos hincha en el fútbol?

    Soy hincha de Chacarita y acá en Córdoba de Talleres porque mi novia es hincha y vemos los partidos. Pero veo poco, capaz me voy a ver un partido de la NBA o la Euroliga cuando está jugando Talleres.

     

    ¿Tenes como referente a algún entrenador de otro deporte?

    Si, tengo un montón que admiro, estudio y analizo. Me encanta Julio Velasco, he leído mucho a Guardiola y Mourinho por más que sean totalmente distintos. Me gusta el estilo de liderazgo que tiene Simeone y acá en el país creo que Gallardo ha demostrado un nivel de preparación, carisma y capacidad de manejo de situaciones, increíbles. En el ámbito del básquet miro mucho también, pero por fuera del ámbito son los entrenadores que más me gustan, que pude sacar muchas cosas y me gustaría relacionarme más con algunos, como por ejemplo Valdano que lo leía y admiro mucho. Cuando cambias el plano, salís de tu realidad y te pones en el plano del otro es sumamente interesante para describir.

     

    Ya que estamos hablando de entrenadores, supongamos que te toca asumir el cargo de liderar la Confederación Argentina de Basquetbol y tenes que elegir a un entrenador para la selección argentina, ¿a quién pondrías para encarar la etapa post “oveja” Hernández?

    En principio, el “oveja” Hernández es uno de los mejores entrenadores del mundo. A veces acá nosotros subestimamos en algún punto. Hizo un trabajo increíble durante todo este tiempo que ha estado. Durante el último mundial, el trabajo fue excelente. No me pondría en ese lugar de elegir a un colega para la confederación, eso se lo dejo para los dirigentes. Argentina, gracias a Dios, tiene muchos entrenadores destacados que nos representan bien en el mundo, que tienen experiencia y están en el plano internacional. La confederación no creo que tenga que buscar nunca un entrenador extranjero para dirigir la selección, por lo menos en los próximos años, porque hoy el entrenador argentino se destaca en el mundo y donde va hace un trabajo fantástico. Lamentablemente, no podemos tener esa participación o esa injerencia en el mundo europeo como nos hubiese gustado, pero se debe a múltiples situaciones. La verdad es que tomar una decisión de mi parte para elegir a un entrenador sería injusto y prefiero no hacerlo.

     

    Antes decías que estabas en el momento justo para salir de la zona de confort y llegó Regatas de Corrientes, ¿hoy tenes el deseo u objetivo sobre algún equipo para dirigir o vas en el día a día?

    En esto aprendí a trazarme planes. Tengo uno en los próximos 5 años que es descubrir nuevas ligas, nuevos mercados, conocer nuevas realidades, atletas y profundizar conocimientos. Luego, en los otros 10 años es intentar encontrar el mejor lugar posible para hacer un proceso largo. Voy diagramando también mi carrera con un plan, que es claro y si bien es difícil poder realizar el plan en la carrera del entrenador, porque a veces los resultados no te permiten cumplir los objetivos, sin lugar a duda confío y le doy mucha importancia a lo que hago diariamente para intentar ser el mejor entrenador todos los días. Año a año intento mejorar algo de mi función profesional y busco invertir en mi carrera. El tiempo dirá, pero me voy poniendo plazos. En esta última etapa, mi búsqueda desde hace unos años es trabajar en el exterior e intentar ser útil en distintas organizaciones que quieran contar con mi trabajo en el mundo. Ahora es Venezuela, antes fue Aguacateros en México y me encantaría tener la posibilidad de trabajar en Europa. Creo que hay que ir dando pasos, lamentablemente no fui un exjugador que jugó en Europa por 10 años para acceder a una gran posibilidad, ni tampoco dirigí 10 años la selección argentina con logros como para tener una llegada a una buena liga europea. Entonces, hay que ir dando pasos y confío que la oportunidad aparecerá. Intento hacer lo mejor posible en mi trabajo y en cada oportunidad que tengo para que ese día llegue. Esto de empezar a trabajar también con Álvaro Martin en la NBA Live Pass me ha dado una vuelta de rosca con algunas cosas que no miraba tanto, porque la NBA la miraba, pero no la analizaba y ahora entiendo que puede ser una alternativa laboral en algún momento, con el abanico que presentan este tipo de ligas. Hay que prepararse, siempre hay que estar listo.

     

    Como entrenador, ¿qué pensas de Facundo Campazzo?

    A mí me enorgullece verlo a Facundo donde está y a todo el mundo del básquetbol de argentina nos tiene que generar una suerte de alegría y orgullo. Se ganó todo en base a trabajo, mentalidad y esfuerzo. Después, tenemos una suerte de ambición desmedida en argentina y creemos que la tiene que romper como lo hacía en el Real Madrid de un día para el otro. Decimos que Malone no entiende nada porque no lo pone a Campazzo con el balón a jugar y no es así. Creo que todo tiene un proceso y Facundo está dentro un proceso. Está en un gran equipo con un gran entrenador que tiene un staff de lujo. Entrenadores de nivel FIBA como Jordi Fernández, Stojakovic, un entrenador serbio que me cuenta de las realidades internas, Campazzo tiene un equipazo. En el equipo de él está Murray, Jokic y hay jugadores como Morris que viene del banco y es el segundo base. Nos guste o no, Facundo es el tercer base y es el revulsivo que entra a generar, a partir de la defensa y algunas particularidades, acciones positivas para el equipo que las hace brillantemente. Si hay algo que tiene Facundo es la capacidad de adaptación y anticiparse a las acciones que vienen. Es tan inteligente que pronto se compra a los compañeros, staff y a la gente. La gente debe tener paciencia, cuando Manu Ginóbili llegó a San Antonio decíamos que Parker no entendía nada y le tenía que dar más la bola. Facundo está haciendo lo que tiene que hacer y lo hace brillante. Tenemos que estar contentos de la realidad de este jugador y pronto tendremos otros como Gabriel Deck, Luca Vildoza y muchos más que lo están haciendo muy bien.

     

    Antes hablabas de que hay que prepararse mucho, ¿qué le podrías decir a los chicos que quieren iniciarse en este mundo del básquetbol?

    En principio, lo que le digo siempre a los entrenadores jóvenes es que dispongan la inversión a la profesión. La profesión te da, pero también hay que invertir en ella. Lo mismo le diría a un abogado, arquitecto o ingeniero. No hablo estrictamente del dinero, hablo de tiempo para mejorar también. Cuando tenes dinero para invertir hay que invertirlo. Sea en material tecnológico, estudio de idioma y en lo que consideres que en tu momento profesional se necesite. Digo momento, porque no es lo mismo el entrenador que está trabajando con el U13 en Maipú de Córdoba, donde trabajaba yo en su momento, que el que trabaja de asistente técnico en un equipo de la Liga Nacional. Entonces, hay que darle una prioridad a lo que uno necesita invertir para ser mejor. A mi criterio, cuando era encargado de la cantera de Comodoro, creí que lo mejor era ir a Serbia para ver como entrenaban técnicamente los jugadores jóvenes para saltar al alto nivel mundial y me instalé un mes ahí. No quiero decir con esto que todos tienen que hacer lo que yo hice, pero si te digo pasos que para mí eran fundamentales en ese momento y hoy lo sigo haciendo. En la pandemia, me dediqué a hablar con entrenadores de otras ligas sobre comunicaciones concretas por cuestiones que yo considero que tengo que prepararme por si el día de mañana aparece la oportunidad y ya tengo una idea de cómo trabajan. Son cuestiones que uno tiene que ir poniendo el énfasis en el momento de cada uno. Repito, cuando yo era asistente técnico consideraba que le daba muchísimo valor a la tecnología. En México tuve que darle mucho valor a la parte comunicacional con la idiosincrasia del estadounidense por tener 9 jugadores norteamericanos en el equipo. Hay que dar ese espacio de capacitación e inversión año a año.

                                                                                                                                               

                                                                                                                                                                              Por Lucas Gaggi

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