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  • Sterling, la figura de la Eurocopa que lucha contra el racismo


    09 de julio de 2021

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    por Roberto Parrottino

    Jugará la final ante Italia en Wembley, el estadio con el que creció a la sombra: su casa de la infancia está a 478 metros. Nacido en Jamaica, representa a los futbolistas negros aún relegados en Inglaterra: entre los 44 clubes de la Premier League y el Championship, sólo dos entrenadores son de una minoría étnica.

    Raheem Sterling convierte el tercer gol de Inglaterra ante Bulgaria en Wembley. Es el 11 de septiembre de 2019, la clasificación a la Eurocopa. Desde el sector visitante, se escuchan insultos racistas. Un año más tarde, después de que el movimiento Black Lives Matter (“Las vidas de los negros importan”) emergiera a partir del asesinato de un policía blanco a George Floyd en Estados Unidos, Sterling propone quita de puntos y partidos sin público ante los insultos racistas en las canchas. “Sé que puede sonar incómodo -dice-, pero la única enfermedad en este momento es el racismo contra el que luchamos”.

    Sterling, nacido en Kingston, Jamaica, es acaso la gran figura de la Euro que definirán el domingo Inglaterra e Italia en Wembley, el estadio con el que creció a la sombra. Su casa de la infancia en Stonebridge, detrás de las vías del tren, se encuentra a 478 metros del arco en el que marcó su primer gol en la Euro, ante Croacia en el debut. Sterling llegó a los cinco años a Inglaterra. Su padre había sido asesinado en una disputa entre pandillas de Maverley, el suburbio de Kingston en el que pateó cartones y latas. Ya en Londres, ayudaba a Nadine, su madre, en la limpieza de habitaciones de hotel. Antes de Rusia 2018, se hizo un tatuaje en el gemelo derecho: un rifle.

    “Cuando tenía dos años, mi padre murió asesinado a tiros. Me hice la promesa de que nunca tocaría un arma en mi vida. Yo pateo con la pierna derecha, por lo que tiene un significado más profundo”, explicó tras el pedido de dejarlo sin Mundial de la prensa sensacionalista y asociaciones antiarmas. Sterling compró una casa en una isla de Jamaica: regresa cada tanto para ver a su abuela. En su brazo izquierdo, lleva otro tatuaje: un niño con una camiseta N° 10 en la espalda admirando Wembley.

    “Si seguís así, cuando tengas 17 años vas a estar jugando con la selección inglesa o en la cárcel”, le advirtió Chris Beschi, profesor del reformatorio Vernon Houseal, en el que vivió tres años, después de ser expulsado de la escuela por problemas de conducta. El chico no podía quedarse un segundo quieto. “Era bola de energía, y a veces eso se convertía en enojo y se volvía agresivo con otros niños”, recordó Beschi. Sterling canalizó los nervios con el fútbol: es gambeta en velocidad, dribbling, espontaneidad basada en la práctica no forzada del fútbol callejero. “Él vivía en Stonebridge, en calles difíciles. Eso lo ayudó a desarrollar su mentalidad. Lo veían tan chiquito que trataban de aplastarlo, que los matones pensaban que podían intimidarlo. Y cuando lograban golpearlo, se levantaba y seguía jugando. No tiene miedo”, dijo Steve Gallen, el ex jefe de la academia de juveniles del Queens Park Rangers que detectó a Sterling, el arma de la Inglaterra que jugará una final después del título en el Mundial que organizó en 1966.

    En Inglaterra, entre los 44 clubes de la Premier League y el Championship, primera y segunda división, sólo dos entrenadores son de una minoría étnica: el nuevo DT del Tottenham, el portugués Nuno Espírito Santo, nacido en Santo Tomé, y el inglés Chris Hughton, del Nottingham Forest. “En la Premier hay casi 500 jugadores y un tercio son negros, pero no tenemos representación en la jerarquía ni en los cuerpos técnicos”, dijo el año pasado Sterling. “Está Gerrard como entrenador del Rangers, Lampard dirigió al Chelsea, pero también están los Sol Campbell, los Ashley Cole. Todos tuvieron grandes carreras y jugaron para Inglaterra, pero a ellos no les dan las mismas oportunidades porque son negros. No es sólo arrodillarse en la cancha”.

    Hace 35 años, la selección inglesa que enfrentó a Argentina en México 86 tenía sólo dos futbolistas negros: Viv Anderson, primer negro en representar a Inglaterra, y John Barnes, que ingresó en el segundo tiempo y tiró un centro que el Vasco Olarticoechea sacó con “la nuca de Dios” ante la arremetida de Gary Liniker. Era el 2-2. “Está a punto de ingresar un ciudadano inglés de segunda clase”, comentó el Tano Juan Fazzini en la transmisión radial de Víctor Hugo Morales. Inglaterra era gobernada por Margaret Tatcher. “El virus del racismo infectó nuestros viajes al extranjero, incluso se subió a nuestro avión”, apuntó Bobby Robson, DT de Inglaterra en México 86, en su autobiografía.

    Barnes, como Sterling, nació en Jamaica, y a los 13 años se mudó a Londres. Entre los ídolos más grandes de la historia del Liverpool, jugó 79 partidos con Inglaterra. “Un día, los hinchas del Everton me tiraron una banana. No me importó. Sé que soy bueno como cualquier otro ser humano. Si otra persona me quiere ofender por el color de mi piel, no es una ofensa”, le contó a El País en 2014. Y 2019, luego de cantos racistas de hinchas de Montenegro ante Inglaterra en Podgorica, Barnes dijo que el racismo nunca había desaparecido en el fútbol. “La gente, simplemente, mantiene la boca cerrada -explicó-. El fútbol no puede deshacerse del racismo. La educación es la única forma de resolverlo. No prohibir personas ni cambiar leyes. La gente está siendo influenciada por lo que está sucediendo en todo el mundo y por el Brexit. Parece que está bien ser un poco más de derecha y por eso el racismo está surgiendo de nuevo”. Ahora Inglaterra es gobernada por Boris Johnson.

    Entre los atacantes de la selección, a Sterling lo acompañan Bukayo Saka, Marcus Rashford, Jadon Sancho y Dominic Calvert-Lewin, ingleses de minorías étnicas. Con contrato hasta 2026 con el Manchester City, despertó el interés del Real Madrid: había participado en 15 de los 37 goles de Inglaterra en la clasificación (ocho goles, siete asistencias) y en la Euro suma tres goles, una asistencia y, sobre todo, intervenciones invisibles, como en la semifinal ante Dinamarca: provocó un gol en contra y protagonizó la jugada del penal polémico que derivó en el 2-1.

    Insultos en los estadios, en las redes sociales y hasta un episodio a la salida de un entrenamiento expusieron la lucha de Sterling contra el racismo, por lo que fue ordenado como Miembro del Imperio Británico por la Reina Isabel II. Cuando llegue el domingo a Wembley, su patio trasero, Sterling mirará por la ventanilla del micro las calles del barrio Brent y el colegio ARK Elvin Academy. Y pensará, como dijo una vez: “Yo solía jugar ahí hace unos años atrás. Y ahora estoy con la selección de Inglaterra”.
     

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