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Villas Unidas impulsa a sus jugadoras a terminar el secundario: "Jugar acá es como tener una familia", dijo Rosana Robledo


03 de junio de 2021

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por Ayelén Pujol

Villas Unidas, que compite en la Primera C del fútbol femenino de AFA, les brinda a sus futbolistas -muchas de barrios populares de la Ciudad y el Conurbano bonaerense- la posibilidad de terminar la secundaria en un bachillerato popular.

Natalia Saucedo tiene 30 años, juega en la zaga central de Villa Unidas y ahora, en el parate obligado por la pandemia, está terminando el secundario. Es la posibilidad que el club les dio a sus futbolistas, el germen ideológico de un espacio que nació en 2018 y que, con el apoyo de César Luis Menotti y Fernando Signorini, se propuso convocar a pibes y pibas de las villas para competir y también otorgar estas posibilidades.

 

Villas Unidas compite en la Primera C, la tercera categoría del fútbol femenino de AFA, y es fruto de una articulación con dos organizaciones sociales, el MTE (Movimiento de Trabajadores Excluidos) y Nuestramérica, que tienen base territorial en barrios populares de la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano.

 

Natalia vive en el barrio ACUBA, en Villa Caraza, Lanús, y se acercó a Villas Unidas porque se enteró a través de una de estas organizaciones. Nació en Villa Angela, Chaco, y cuando llegó aquí dejó la escuela nocturna en la que estaba cursando por la mudanza y también porque había quedado embarazada.

Hoy su hija tiene 12 años y la acompaña a jugar al fútbol. Le gusta que su mamá esté en la cancha. Natalia hizo la primaria en una escuela aborigen en su provincia natal, donde practicó atletismo: participaba en pruebas de velocidad y salto en alto. Después se pasó al handball. Cuando se mudó a ACUBA, un poco también por el trabajo de su pareja, probó Futsal. Hasta que llegó a Villas Unidas.

Cuando surgió esta idea de poder cursar los días que no íbamos a entrenar, dije que quería porque yo siempre quise ser Profesora de Educación Física. Y la verdad que no pude por distintos motivos. Así que ahora me conecto al zoom, estamos cursando Organización Popular, biología, inglés, matemáticas y complementamos con materias vinculadas al deporte con el club, así que está buenísimo”, cuenta.

 


La posibilidad de terminar los estudios secundarios se dieron a través de un bachillerato popular que se dicta a través de una de las organizaciones que articula con Villas Unidas. Gustavo Levine, entrenador del equipo, había detectado que varias de sus jugadoras no tenían el título y fue uno de los que promovió la chance.

 

Nosotros queremos que a través del fútbol como deporte se trascienda a otros territorios. La educación es uno de esos”, dice el DT.


Levine lleva adelante en Villas Unidas su tercera experiencia a cargo de un equipo de mujeres, después de trabajar en la UBA y en Excursionistas. Fue futbolista y también colaborador del equipo de José Pekerman en la Selección. Ahora, en un equipo de la tercera categoría, padece algunos de los destratos de AFA para con el fútbol femenino.

 

La Primera C lleva 470 días sin competencia: es decir, alrededor de 1200 futbolistas están paradas esperando definiciones. Habían vuelto a los entrenamientos en el verano, incluso con prueba de jugadoras para la nueva temporada, pero las nuevas disposiciones sanitarias generaron la vuelta a casa para el plantel.


Apostamos a que la mente, el estudio y otras actividades las va a sostener en su ser futbolistas”, cuenta el DT. Durante el confinamiento las jugadoras escribieron un cuento entre todas: es una historia fantástica en la que les proponen jugar en la Bombonera o el Monumental, pero finalmente lo disputan en el Obelisco. Hay habitantes del planeta Marte que asisten a verlas, Lionel Messi juega en un equipo de varones contra Estefanía Banini y otras futbolistas de la Selección, y al final son ellas mismas quienes terminan en la cancha.

 

Villas Unidas tiene un plantel con jugadoras de barrios populares: Bajo Flores, Retiro y el Conurbano bonaerense. Al tratarse de lugares con población migrante, las reglas de la AFA para la categoría les resultaron problemáticas. Por ejemplo, el cupo de tres extranjeras. “En un principio teníamos diez y tuvimos que dejar afuera a siete”, dice Levine.

 

En su primera experiencia en la C, Villas Unidas finalizó en el 11ª lugar de la tabla de posiciones, entre 16 equipos. Un resultado auspicioso. Además, una de sus futbolistas, Adriana Arteaga Vilca, fue convocada para la Selección Sub 20 de Perú, su país. Levine se la recomendó al entrenador y Villas Unidas aportó para que pudiera viajar.

Rosana Robledo, también chaqueña, también de Villa Caraza y lateral o volante por derecha del equipo, destaca el compañerismo: dice que jugar en el club es como tener una familia. Tiene 3 años y afronta un embarazo de riesgo: espera su tercer hije mientras cursa el bachillerato.

 

“Yo había dejado en primer año de Polimodal y ahora me dieron la oportunidad. Con las dos nenas y el embarazo se me complica, pero me ayuda, sigo todo, entrego los trabajos, pese a que en el barrio no tengo buena conectividad”, cuenta.

 

Rosana, que antes del reposo obligado trabajaba como niñera, también jugaba al handball, después compitió en Futsal y se adaptó a jugar en cancha de 11 cuando se sumó a Villas Unidas. Le gustaría terminar la secundaria porque, dice, siempre tuvo ganas de ser maestra jardinera.

 

“Yo muchas veces me quise anotar, pero me pedían un montón de papeles, no conseguía el analítico. Cuando Gustavo (Levine, el DT) me dijo le dije podía, no lo dudé. Además anoté a mis hermanas, así que ahora todas estamos estudiando”, cuenta.

 

Mientras tanto, sus hijas la observan hacer los trabajos prácticos, así como la veían jugar al fútbol: “La que tiene 10 años iba a patín y yo le había comprado los patines, pero de un día para el otro cambió por el fútbol, así que ahora la llevo a ella a su club a patear”.

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