Cantando "Maradona Blues"


22 de octubre de 2021

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por Ariel Scher

Feliz cumple Charly. En el "Mes Maradona". Genios inoxidables e inolvidables, confluyen sus magias en una crónica imperdible de Ariel Scher.

Por Ariel Scher

Pedro es profesor de una serie de materias y tiene centenares de estudiantes que lo adoran. No es por la serie de materias que lo adoran porque la serie de materias a esos estudiantes no les importa. El que les importa es Pedro. Pedro, que está en condiciones de explicar por qué las pirámides resisten o quién descubrió la fórmula del agua o cuáles son los secretos de los triángulos escalenos o cuántos ríos surcan África o cómo se enlazan el aparato respiratorio y el aparato circulatorio en las gentes sanas y en las gentes que no tanto y, efectivamente, explica todo eso pero, a la vez, asegura que todo eso es una suma de detalles al lado del acto central que ejerce, sin una sola omisión, en cada día de su existencia. Ese acto que lo define y por el que sus estudiantes lo adoran.

Lo que Pedro hace siempre es inspirarse en Charly García y cantar "Maradona Blues".

"Yo ya no existo sin pasado,/ entre la oscuridad y la luz./ Yo sé que existo en otro lado,/ yo ya perdí el autobús,/ como en el Maradona blues", desafina Pedro durante las duchas con las que inaugura sus días y se promete disfrutar de esos días, o en las citas de amor o de voluntad de amor, o en las noches largas a través de las que no hay ni citas ni voluntad ni -menos- amor, o en las tribunas a las que va a alentar a su equipo, o en las clases, claro que en las clases, si detecta que esa práctica individual se puede transformar en una práctica grupal. "Maradona Blues", cierra Pedro en cada una de sus interpretaciones y a veces recibe aplausos que germinan en otras manos y, en general, aplausos que fluyen desde las manos que son suyas.

"Maradona Blues", enuncia Pedro, en las clases en las que le toca desmenuzar la cultura del Renacimiento, o la evolución de la moda en Europa central, o la influencia de Newton en Einstein, o las caras de asombro de unos defensores polacos en la noche marplatense en la que Francescoli usó de piso al aire y metió un gol de chilena del que aún conversan las estrellas, o los matices que arriman o distancian al rap del trap. "Maradona Blues, de Charly García y Claudio Gabis", proclama Pedro cuando se considera el único habitante del mundo o cuando verifica que lo rodean muchos otros habitantes. Y no es por puro preciosismo que menciona a los autores. Nada de eso. Sabe, siente y narra que si "Maradona Blues" viaja, jornada por jornada, desde su deseo hasta sus venas y desde sus venas hasta sus labios es a causa de que admira, desde luego, a Maradona y de que admira, desde luego, a Charly. Y admirar, la verdad, es un verbo corto para describir la magnitud de esos vínculos.

Delante de sus estudiantes o delante de sus duchas, Pedro desenfunda una evocación: "Cuando el Diego se quedó afuera del Mundial del 94, yo les juré a mis amigos que Charly iba a escribir algo". Fue así, justo así. Como devela Gabis, otro crack de la música, Charly y él compusieron "Maradona Blues", tal cual, de un soplido, desde el alma, desde la tristeza, desde la reivindicación, en la madrugada de derrotas que siguió a la marginación de Maradona de las canchas de los Estados Unidos. No había un solo camino que condujera a otro sitio o a otra cadencia que el blues. Y que Maradona.

"El maestro dijo lo que yo quería decirle al maestro", argumenta Pedro sin detenerse a precisar, a pesar de su entrenamiento docente que lo invita a especificar dato por dato, que el primer maestro del que habla es Charly y el segundo, Diego. Luego, como puede, de nuevo, canta "Maradona Blues": "Un accidente no es pecado,/ y no es pecado estar así?/ Pero aquí estoy en este lado,/ por eso déjame salir,/ yo solo quiero tu vivir".

Como tantas, como tantos, Pedro es erudito en palpitar gracias a Charly, y es erudito en Charly, y es erudito en asociaciones futboleras de Charly. O sea: no sólo se leyó del revés y del derecho "No digas nada: una vida de Charly", la biografía que elaboró Sergio Marchi sino que puede reproducir, como si hubiera participado del episodio, los renglones en los que el fútbol se cuela en ese libro, como el día en el que Charly se puso a comer un pancho y a mirar con atención un partido de anónimos y esos anónimos demoraron en advertir quién era su espectador casi único, o el reto insólito, con argumentos a lo Charly, que Charly le entregó a Fernando Lupano por torcerse un tobillo jugando al fútbol. Y eso es apenas el comienzo: Pedro domina cada uno de los movimientos que desplegó el hincha de River Charly aquella noche en la que dio una especie de desarticulado puntapié inicial para el duelo entre Cienciano y Boca por la Recopa Sudamericana de 2004. Y eso continúa siendo apenas el comienzo porque Pedro apila pormenores deliciosos del partido que enfrentó a los componentes del Serú Girán de Charly con los del Spinetta Jade de, obvio, Luis Alberto Spinetta. "¡Lo que debe hacer sido ese partido!", acentúa Pedro casi en el mismo momento en el que asume que nunca entendió por qué a la tapa del disco "Adiós Sui Géneris" le falta tilde en la palabra "adiós".

En algunos amaneceres (y anocheceres y atardeceres y cuando sea), mientras su garganta desparrama los acordes de "Maradona Blues", Pedro juega -otra vez: como tantas, como tantos- a modelar ránkings con sus temas favoritos de Charly y viene y va de alguno de cualquiera de las edades de solista a un eco fundacional con Sui Géneris, de las transgresiones de La Máquina de Hacer Pájaros a las perfecciones de Serú Girán, de la sociedad con la Negra Sosa a la sociedad con infinitud de voces, de un poco de Say no More a otro poco de Say no More. "Say no More", recuerda Pedro, es la expresión anteúltima del mensaje de despedida que Charly le destino a Maradona cuando Maradona -ni lo pronuncia- se murió. "Esperame ahí. Invita la casa. No te equivoques con el paraíso", suelta Charly a los Charly en esas líneas que, único desenlace posible e imposible, acaban con el corazón: "I Love You".

"Maradona Blues" manda y retumba entre los dientes de Pedro porque cómo no va a mandar y a retumbar algo que sacude más que dientes y más que oídos: "¿Qué es el pasado en nuestra vida?/ ¿Por qué ese peso sigue aquí?/ Yo te he cuidado,/ pero ahora es cara o cruz./ Yo no te di mi fucking blues./ Es sólo un Maradona blues...". Pedro está seguro de que, de no articular la letra que él reitera cada día, "Maradona blues" bien sonaría con la desgrabación del diálogo entre García y Maradona cuando el músico/poeta/más cosas visitó al 10 en el programa televisivo que conducía y que se llamaba, por supuesto, "La Noche del 10". O que si la poesía se invertía, si Maradona craneaba un "García Blues", hubiera bastado una frase para que funcionara como sinfonía, la frase que, en ese programa, anotó Maradona en un mural como si sus manos de dios y de hombre expandieran lo que las manos de millones inscribirían: "Charly sos mi genio eterno".

Hubo una noche de Charly cumpleañero por tevé en la que el propio Charly desgajó "Maradona Blues" adelante de Diego, que se estremeció a lo Diego. "Yo ya te entiendo, hice todo para ser./ Yo no sé qué hago con mi luz/ y tengo el Maradona blues", entonó, desglosó, se rio, se emocionó Charly y, cuando eso pasó, a Pedro, que no olvida ni una respiración de esa circunstancia, le ocurrió lo que a Charly, y a Maradona y a incontables personas, o sea que también se estremeció y se emocionó. Tanto que cuando lo rememora -mil veces lo rememora- se sigue estremeciendo y se sigue emocionando.

Pedro, futbolerísimo Pedro, se enorgullece de la fuerza y de la gracia con la que Charly pobló a los estadios de fútbol en los que esparció sus canciones. Esas canciones son eso mismo, canciones, acaso solamente canciones, pero quizás también mucho más que canciones porque, por ejemplo, Pedro halló y halla en esas canciones una suma de caminos para desarrollar la serie de materias que lo vuelve profesor. Cierto que Charly no esclarece teoremas en las canciones, no transparenta la clave de la fotosíntesis en las canciones, no enseña a patear córners en las canciones y no ilustra el papel de los modificadores directos o de las oraciones subordinadas en las canciones. Lo único que hace Charly es añadirle o rescatarle humanidad a la humanidad con sus canciones.

Por eso a Pedro le resulta invencible en las clases. Por eso le gusta como le gusta.

Por eso cuando le anuncian que Charly celebra setenta calendarios, esmera el paladar y lanza al viento, a los estudiantes que lo adoran, a la vida: "No sé qué droga te arenga más que yo,/ pero esta lluvia no pasó/ Estoy llorando aquí por vos./ Sí señores". "Sí señores", repite Pedro, tema completo, rutina gloriosa del día a día. Después, dice "feliz Maradona Blues" que es su entrañable forma de decir "feliz cumpleaños, querido Charly".

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